Cascadas de Mazobre, agua y piedra al servicio del asombro

De todas las rutas de la Montaña Palentina, pocas pueden presumir de atesorar tal belleza paisajística como la senda de las cascadas de Mazobre. Un paseo lineal, sencillo y perfectamente señalizado, ideal para realizar con niños, que no dudamos en recomendar.

El punto de arranque de la ruta está situado entre Cardaño de Arriba y Cardaño de Abajo. Para llegar desde Tardes al Sol tendremos que tomar la carretera en dirección a Cervera y tomar la comarcal P-210. Será algo menos de una hora de recorrido en coche que, ya de por sí tiene un encanto indudable. Durante el trayecto tendremos la oportunidad de disfrutar de parte de la conocida como Ruta de los Pantanos, en concreto, el tramo que incluye los de Ruesga y Camporredondo. Solo el viaje hasta el comienzo de la ruta ya habrá merecido la pena.

En el kilómetro 33 de la P-210 se debe tomar la P-2102 y en apenas tres kilómetros veremos unos aparcamientos donde dejar el coche. Comienza un paseo lineal de algo más de 6 kilómetros, incluyendo la vuelta con un desnivel de 250 metros, que no debería llevarnos más de dos horas.

Esta ruta puede realizarse sin mayores dificultades durante todo el año. En nuestro caso la realizamos a mediados de abril, con la suerte de poder contar con un día espléndido. Todo lo que podéis ver en estas fotografías no le hacen justicia en absoluto a la verdadera belleza del entorno. Por la fecha, la nieve aún permanecía en las cumbres que nos flanqueaban, pero se trata de un camino absolutamente vivo. Si hubiéramos dado el paseo quince días después, quizá no habríamos visto nieve, pero sí las escobas flor a lo largo del camino; y en verano, habría sido el brezo el que nos mostraría sus flores. Así que cada fecha en la que podáis hacer este recorrido tendréis algo que lo dote de un especial encanto.

Esta ruta puede realizarse sin mayores dificultades durante todo el año. Cuando la realizamos, la nieve aún permanecía en las cumbres, pero se trata de un camino absolutamente vivo. Si hubiéramos dado el paseo quince días después, habríamos visto las escobas en flor; y en verano, el brezo.

La mayor parte de la subida transcurre en el primer tramo. El arroyo de Mazobre nos acompañará a nuestra derecha mientras completamos la ascensión mientras que, a la izquierda hará lo propio el imponente Espigüete. Comenzaba el momento “boca abierta” / Sindrome de Stendhal que perduraría hasta la vuelta al coche. Los aficionados a la fotografía podrán entender ahora que las dos horas de recorrido sean solo una estimación que, en un momento dado, puede alargarse “ad libitum”. No sería extraño que solo la capacidad de la tarjeta de memoria de la cámara o el móvil pueda ponerle freno a una jornada de locura fotográfica. Literalmente, no se sabe a dónde se puede enfocar, cualquier imagen será espectacular.

Las huellas en la nieve nos revelaron que la nutrida fauna que podría encontrarse en la zona pero, como podéis ver la fotografía, solo se dejó “atrapar” a este pequeño pero llamativo y coqueto reptil.

Una vez superada la zona de mayor subida, es el Collado del Cerro quien reclama su protagonismo a nuestra derecha. El paisaje cambia ligeramente para mostrarse aún más sorprendente, si cabe, para anunciarnos que ya estamos cerca de la primera cascada de Mazobre, el mayor salto natural de agua de la provincia de Palencia.

Recordemos que este entorno es el resultado de un glacial y que el agua proviene del deshielo, así que comprenderéis que, dada la temperatura estimada del agua, optáramos por no darnos un chapuzón que podría haber acabado en fibrilación.

Cincuenta metros antes del balconcillo sobre la cascada, hay un ramal del camino que te lleva hacía arriba. Merece la pena completar una última ascensión de diez minutos para alcanzar la segunda cascada, una caída de agua algo más baja pero no menos espectacular.

Ya solo queda emprender el camino de regreso por la misma senda, lo que nos dará la oportunidad de seguirnos asombrando con los paisajes que, a lo mejor, nos habían pasado desapercibidos a la ida por dejarlos a nuestra espalda.

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